martes, 13 de julio de 2010

HITO 3: LA CONSOLIDACIÓN DE LA INDUSTRIA AZUCARERA (1900 – 1959)


En la última década del siglo XIX, la economía peruana presento un esquema diversificado de crecimiento: por un lado, el desarrollo de nuevos sectores exportadores y, por otro, la expansión de un sector industrial dirigido al mercado interno. ¿Cómo pudieron combinarse estos factores, aparentemente contradictorios, que permitieron cierto grado de desarrollo autónomo?

“Los productos exportables que dominaron la escena nacional fueron la plata, el azúcar, la lana, el caucho y el algodón. En 1985, el 35% del total exportado, correspondía al azúcar, el 26% del total de la plata, el 15% lana y el 14% caucho. Hacia 1900, el azúcar seguía liderando las exportaciones peruanas (32%), seguida por la plata (22%), el cobre (18%) y el caucho (13%); la lana había reducido su participación a 7%. La diversificación exportadora fue una característica distintiva de la economía peruana.” (1)

Se sabe que España, considerada la “Madre patria”, ejercía gran influencia por estos territorios. Las personas de color fueron utilizadas como personas de servicios y esclavos, lo mismo ocurría con los nativos indígenas. Como mencionamos en el hito anterior, con la prohibición de la esclavitud de los negros, los nuevos dueños, hacendados pensaron en los chinos (a quienes lo llamaron “Coolies” y los mantuvieron en una situación similar a la esclavitud).

Para enfrentar todo este déficit laboral, que también obligo a la minería, se utilizo también mano de obra traída desde la sierra a través del sistema de enganche y algo de mano de obra asalariada. (2) El sistema de enganche consistía en un pago que realizaba el propietario de una hacienda a un representante (llamado enganchador) para que este contrate a los operarios, esto fue una forma de engaño mas, para poder explotar la mano de obra y ante esto no se escaparon los chinos y, ahora mucho menos los inmigrantes japoneses.

Pues el 3 de abril de 1899 llegaron al puerto del Callao los primeros 790 inmigrantes japoneses a bordo del barco Sakura Maru. La mayoría eran agricultores que tenían por destino las grandes haciendas azucareras ubicadas en la costa peruana. La totalidad de viajeros eran varones, quienes zarparon del puerto de Yokohama el 27 de febrero de 1899.

Hacia 1918, la industria azucarera peruana, había superado la producción de Hawái, considerada entonces una de las más adelantadas de su época. Las que lideraban estas eran “Roma” y “Casagrande”, ubicadas en el valle de Chicama en la libertad. A diferencia de la minería, donde las empresas extranjeras desplazaron a casi todos los capitalistas nacionales, en la agricultura de la costa norte muchos de los hacendados eran peruanos. El crecimiento del azúcar tenía que enfrentar la relativa desorganización de los créditos locales, el estacionamiento de la demanda interna, el cuello de botella del mercado de trabajo para una mano de obra permanente, las fluctuaciones del mercado internacional y la competencia con la remolacha.

La principal contribución de las haciendas azucareras a la economía peruana fue la modernización tecnológica y la formación de capital, lo que fue de gran importancia para los financistas urbanos, especialmente a comienzos de este siglo XX. De esta manera los propietarios de las haciendas azucareras incursionaron limitadamente en una serie de empresas urbanas como bancos y seguros. Ellos participaron en parte en las primeras industrias textiles, en las instituciones bancarias y de seguros que mayoritariamente que crearon intereses o inmigrantes extranjeros (el Banco Internacional del Perú, el Banco Alemán Transatlántico, el Banco Popular, la Compañía de Seguros Rímac y la Compañía de Seguros Nacional y Porvenir).

Grandes obras de irrigaciones agrarias se desarrollaron en los valles de Chira y de Olmos en el norte, y el de Imperial en el sur, a cargo del experto norteamericano Charles Sutton. Gracias a ellas se amplió las tierras de cultivo para el azúcar y el algodón. También se abrieron algunas líneas férreas, de trocha angosta, que fueron de las ultimas en construirse, ya que después solo se invirtió en carreteras. En 1926 fue inaugurada la línea Huancayo-Huancavelica y el ferrocarril del Cuzco comenzó a prolongarse hacia Quillabamba. Se inicio la construcción de la carretera Panamericana y la Carretera Central.

La crisis de 1929 marco el inicio del fin del gobierno de Leguía. Esta crisis afecto fuertemente a las exportaciones mineras y agrícolas peruanas, cuyo valor se redujo dramáticamente (cobre 69%, lanas 50%, algodón 42 % y azúcar 22%). Así como también se replegaron las inversiones en el Perú de capitales norteamericanos y británicos. En 1929 las exportaciones peruanas, consistían sobretodo en productos mineros que representaban el 67% del total y las exportaciones agrícolas como le azúcar representaban el tercio restante.

La reducción de salarios y desempleo provocó marchas y movilizaciones violentas que en 1930 produjeron muertes y numerosos heridos. La situación económica se empezó a recuperar a mediados de la década del 30, gracias a la diversidad de las materias primas exportadas, algunas de las cuales vieron recuperarse su precio, y cuando algunas exportaciones, como el algodón, empezaron a crecer, superando incluso en importancia a otros productos como el azúcar, cuya demanda internacional se redujo drásticamente.

Manuel A. Odría y Manuel I. Prado, un dictador y un demócrata. Ambos fueron presidentes del Perú, pero también las dos caras que tuvo el país en la década del cincuenta. Odría depuso a Luis Bustamante y Rivero y gobernó durante dos años con una junta militar, hasta que en 1950 fue elegido presidente de la República en comicios donde no hubo otro candidato, pues su contrincante, el general Ernesto Montagne, había sido encarcelado.

Por su parte, Manuel I. Prado gobernó dos veces. Entre 1956 y 1962 – su segundo mandato - dió muestras de ser gran demócrata y mejor negociador político, así logró erigirse en el candidato de la oposición a Odría, algo que le brindó apoyo popular al momento de la elección de 1956, pero que perdió paulatinamente cuando debió enfrentar la crisis económica de 1957-1958.

Para estos años, los empresarios nacionales que habían crecido en la década de los treinta, adquirieron maquinarias para mecanizar sus empresas, especialmente las mineras, en 1948 cuando se relajaron los controles sobre las divisas y las importaciones. Como la clase media se desarrollaba, hubo un mercado para la manufactura local y se inició un proceso de industrialización. El Estado tenía ingresos importantes y estuvo en condiciones de encargar grandes obras públicas.

El azúcar y el algodón se expandieron en esta década porque se amplió la frontera agrícola con nuevas tierras irrigadas en la costa, mayor abastecimiento de fertilizantes, introducción de nuevas variedades de caña, etcétera. Odría retomó el gigantesco proyecto Olmos, iniciado por Leguía, e impulsó el Banco Agrícola. Olmos y otros proyectos de irrigación en la costa, por iniciativa privada y del Estado, incrementaron en un 19% el área total irrigada.

El alza internacional del precio del azúcar se debió a la Segunda Guerra Mundial y a la guerra de Corea; esta coyuntura estimuló la inversión en dicho sector. Hacia el final de los años cincuenta el precio internacional del azúcar bajó, pero fue compensado con el incremento de la demanda interna. Los peruanos cada vez usaban más azúcar y menos chancaca para endulzar sus alimentos.

Con la revolución cubana de 1959 el Perú incrementó su cuota internacional de azúcar, pero no pudo cubrirla por la baja producción, límites tecnológicos, sequías y aumento del consumo en el país. En este período se comenzó con la pionera elaboración de papel a partir del residuo de caña y Luis Banchero Rossi inició la experimentación de la melaza en la alimentación del ganado.

Con el caso del algodón ocurrió el mismo proceso. Aumentó la producción y se convirtió en el primer producto de exportación peruano, especialmente incentivado por el incremento de la demanda a propósito de la guerra de Corea. Sin embargo, a los pocos años el precio bajó porque había demasiada oferta de este producto en el mundo, y había incursionado el tejido sintético.

Hacia el final de la década surgen problemas laborales entre los sólidos gremios (organizados por el APRA) y los hacendados (que comienzan a despedir mano de obra por la baja de los precios en el mercado mundial).


(1) PARODI TRECE, Carlos. - Perú 1960 – 2000: Políticas económicas y sociales en entornos cambiantes. Pag. 127, 131.

(2) CONTRERAS, Carlos / CUETO Marcos - Historia del Perú contemporáneo. Pag. 251 - 259


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VIDEOS:





BIBLIOGRAFIA:

KLAREN, Peter F.- Nación y Sociedad en la Historia del Perú.

PARODI TRECE, Carlos. - Perú 1960 – 2000: Políticas económicas y sociales en entornos cambiantes. 1º Ed. Agosto 2000.

CONTRERAS, Carlos / CUETO Marcos - Historia del Perú contemporáneo. 4º Ed. 2007

PAGINAS WEB:

SITIO WEB: De Libros en Línea, mate

riales educativos online:

http://books.google.com

SITIO WEB: Boron, Atilio A. Prólogo. En publicación: Pensamiento de nuestra América. Auto reflexiones y propuestas. Fernández Retamar, Roberto:

http://www.scribd.com/doc/7131805/Fernandez-Retamar-Roberto-to-de-Nuestra-America

PORTAL BLOG: CASALINO Carlota - Blog q

ue analiza y reflexiona a través de investigaciones, comentarios y artículos, la historia y actualidad del Perú y del mundo:

http://blog.pucp.edu.pe/item/15263/una-decada-clave



martes, 1 de junio de 2010

HITO 2: COMERCIALIZACION DEL AZÚCAR EN EL PERÚ - SIGLO XIX

INICIO DEL COMERCIO DE LA CAÑA DE AZUCAR

A finales del siglo XVIII la agricultura estaba resumida en la siembra de maíz, fríjol, garbanzo, ají, hortaliza, caña y producción de azúcares, que tuvieron una baja notable por las lluvias e inundaciones. La economía era inestable, disminuyendo la exportación de azúcar, miel y conservas a los mercados de Tierra Firme (Caracas, Venezuela).

Entre los cultivos que introdujeron los españoles encontramos la caña de azúcar (muy extendida en la costa norte). La mano de obra en las haciendas dependía fundamentalmente de donde se ubicaban, las que se hallaban en la costa tenía una mano de obra negra y esclava, aunque eso no niega la presencia de mitayos o yanaconas en la costa.

Las principales haciendas azucareras se encontraban en manos de la orden Jesuita, eran propietarios en el Perú de las haciendas Bocanegra y Villa (ambas en Lima), San Jacinto (una enorme hacienda azucarera en la costa, cerca a Lima), Vilcahuaura (valle de Zaña), Mollemolle (Apurimac), San José de la Pampa (Huaura). El Rey de España, Sólo los jesuitas, en el momento que Carlos III ordenó su expulsión de América, en 1759, eran propietarios en el Perú de las haciendas Bocanegra y Villa (ambas en Lima), San Jacinto (una enorme hacienda azucarera en la costa, cerca a Lima), Vilcahuau- ra ...EEECarlos III[1], ordenó su expulsión de América en 1759.

La crisis económica aumentó por la mala administración de las haciendas así como los litigios de tierras. "El efecto de estos factores acumulados produjeron una crisis general en la economía de exportación basada en la agricultura", sostiene Arboleda[2]. Los repartimientos y encomiendas desaparecen en el último tercio del siglo XVIII.

El comercio de la caña de azúcar tuvo una de sus primeras crisis económicas.

A mediados del siglo XIX Cayaltí estaba en manos de la familia Aspíllaga Anderson, y su producción anual de azúcar era la más alta a nivel nacional, llegando a los 4 mil kilos. Después de la independencia nacional, nuestro país había quedado devastado económicamente y por añadidura el Perú había contraído su primera deuda externa al aceptar dinero inglés para los gastos de la emancipación.

Pero en la década de 1840 todo empezó a cambiar. Aquí la historia nacional da un viraje radical hacia una bonanza a través del guano de las islas, el cual demostró ser un abono efectivo. Inglaterra iniciaba su revolución industrial y necesitaba con urgencia incrementar la producción de su agricultura, siendo el guano un potente fertilizante natural.

El historiador Zevallos Quiñones afirma que "al entrar al siglo XIX la economía norteña era excelente. Primaba la industria azucarera. Llegaron a funcionar trapiches[3] de cobre a fuerza animal en los alrededores de Chiclayo, dando gran impulso a la sementera de la caña de azúcar. Tenía favorable consumo en Chile y la exportación se hacía por el puerto de San José”. Luego se sumó Puerto Eten.

Uno de los rasgos de la economía peruana a los requerimientos del mercado mundial eran las haciendas o plantaciones que exportaban sus productos utilizando los ferrocarriles para efectuar el transporte. Los destinos eran países desarrollados como Inglaterra, Francia, Alemania y posteriormente Estados Unidos hacia finales del siglo XIX.

INMIGRACIÓN CHINA Y PRODUCCION AZUCARERA

Durante los primeros años de la joven República, hubieron intensos debates acerca de las ideas liberales de abolir la esclavitud. Muchos hacendados y militares tenían haciendas, en donde la mano de obra esclava era de importancia capital. Por ello, había mucha reticencia a la manumisión de los esclavos, a diferencia de otros países en los que se proclamó inmediatamente la abolición de la esclavitud (como Chile).

Uno de estos militares hacendados fue Rufino Echenique, quien llegó a ser presidente del Perú. Compró y modernizó una hacienda azucarera localizada en el valle de San Pedro de Lurín, destacando la gran cantidad de esclavos que poseía. Esto era algo particularmente importante al momento de hacer negocios, la cantidad de esclavos de la cual se disponía. Y a la vez, la economía agrícola basada en la esclavitud, estaba condenada a la auto-subsistencia y rendimientos mínimos no acordes a un ideal exportador a gran escala, puesto que el desgano en el trabajo que ponían los esclavos, sus frecuentes motines y huidas, así como los abortos que se sometían las negras embarazadas, contribuían a una baja producción en las haciendas. Sin embargo, la idea colonial aún persistía en la mentalidad de los terratenientes de la época, acerca de la necesidad de mantener la mano de obra esclava.

Cuando Castilla llega al poder y en 1854 decreta la abolición de la esclavitud en todas sus formas, fue cuando la producción de las haciendas enfrentó un reto mayor, nunca antes visto. Los terratenientes, persistiendo en la mentalidad colonial, intentaron reemplazar los esclavos por otros; esto es, en vez de favorecer una llegada masiva de inmigrantes europeos (u orientales) para entregarles terrenos a concesión para su respectivo cultivo, se pensó en traer otro tipo de "esclavos", personal que no reclame mucho y gane poco, que trabaje faenas de sol a sol sin chistar y que sus países no reclamasen de manera escandalosa. Y en esto, los europeos no cuadraban, motivo por el que se favoreció la llegada de coolíes[4] chinos. Hubo muchos beneficiados con el tráfico de coolíes, desde los armadores-transportistas hasta las compañías que "compraban" a los coolíes una vez llegados al Callao y los redistribuían a las haciendas.

Los coolíes dormían hacinados en galpones, cual esclavos, en condiciones pésimas de higiene y alimentación, también participaban ellos mismos en actividades de juegos de azar y consumo de opio, lo cual en no pocas ocasiones conllevó a crímenes entre ellos y también contra los hacendados. Asimismo, en las haciendas los intentos de fuga dadas las condiciones de explotación y los castigos corporales (como colocarlos en un cepo por semanas enteras) se hallaban a la orden del día.

El fin del tráfico de coolíes empezó en mayo de 1872, cuando partió del Callao el barco peruano "Mariluz" hacia Macao, para traer 255 culíes para las haciendas norteñas. Debido a una tormenta la nave sufrió una avería el 10 de julio de 1872, teniendo que efectuar una escala obligada en Yokohama, Japón. Uno de los coolíes escapó, cansado de los malos tratos a los cuales empezaba a verse sometido y se refugió en una nave británica, en donde solicitó ayuda. El Encargado de Negocios Inglés, gestionó ante las autoridades japonesas una investigación para llegar a la verdad respecto a la denuncia del chino evadido. Como conclusión de la investigación, se llegó a que las condiciones de vida dadas para el viaje y por el contrato eran inhumanas, quedando los 255 coolíes libres del mismo y con la potestad de regresar a China. El final del tráfico de coolíes se produce en 1874, cuando mediante el tratado de Tien Tsin[5] los representantes peruanos aceptan las condiciones del gobierno chino.

LA PRODUCCION AZUCARERA DURANTE LA GUERRA CON CHILE

No resulta difícil imaginar el nivel de destrucción en que quedó la economía peruana al final de la guerra. A esto se sumaba otro asunto: el país debía resolver una serie de problemas anteriores al estallido del conflicto. El principal se refería al pago de la deuda externa a los acreedores británicos. Desde la firma de la paz con Chile ellos presionaron al Perú para que cancele los compromisos pendientes.

Remontándonos a los días que siguieron a la firma de la paz con Chile, muchos hacendados habían abandonado los valles, especialmente en los del departamento de La Libertad. Ya no existían las espléndidas casa-haciendas y las adornadas capillas que durante tantas décadas caracterizaron la zona. También fueron desapareciendo los pastos y campos de algodón y arroz que antaño se entreveraban con los sembríos de caña.

Pero hacia la década de 1890 empezó a configurarse otro paisaje, más moderno aunque menos bello. Desde las faldas de los Andes, todo visitante al valle de Chicama podía contemplar un mar inmenso, de caña y chimeneas de negro azabache que humeaban en un cielo siempre azul. Se trataba de nuevas y gigantescas plantaciones industriales que concentraban la tierra en pocas manos.

La historia de los valles de La Libertad es simple. Las haciendas de los terratenientes trujillanos fueron absorbidas por tres grandes empresas agrícolas: Casagrande, Roma y Cartavio. Los Gildemeister (familia alemana), Larco (familia italiana) y la Compañía Grace (empresa británica), sus propietarios respectivos, simbolizaban los nuevos tiempos: inyección de capital extranjero y trabajo de los indios "enganchados" que formaron el proletariado agrícola. El mercado internacional favorecía las exportaciones de azúcar: en 1889 se exportaron 45 mil toneladas y hacia 1900, unas 50 mil hectáreas estaban dedicadas al cultivo de la caña.

El sorprendente desarrollo de Casagrande se remonta a la década de 1870 cuando la firma Gildemeister y Co., propiedad del inmigrante alemán Juan Gildemeister, compró varias haciendas, incluyendo Casagrande, se convirtió en el centro de sus operaciones azucareras. Cuando falleció en 1898, Gildemeister había comprado 8 grandes haciendas azucareras y era el segundo gran terrateniente del valle, después de la familia Larco.

Siguiendo con el mapa azucarero del país, la zona más estable fue Lambayeque, en donde el impacto de la guerra fue menos dramático. Las dos familias azucareras más importantes de la región, los Pardo (Tumán) y Aspíllaga (Cayaltí), se habían establecido en la década de 1870 y fueron capaces de sobrevivir y expandirse con la ayuda del crédito de las casas comerciales y bancos extranjeros. En 1889 se exportaron 45 mil toneladas de azúcar.

El 22 de mayo 1896, por iniciativa de un grupo de agricultores, se fundó la Sociedad Nacional de Agricultura; desde este momento, las actividades del nuevo gremio fueron ininterrumpidas. Así empezó a formarse el oligopolio de la industria azucarera en el Perú.

Gracias a sus gestiones se introdujo, por ejemplo, la enseñanza agrícola al fundarse, en 1902, la Escuela Nacional de Agricultura; además, se iniciaron los estudios para combatir las pestes y enfermedades en los cultivos de la costa a través del Instituto de Parasitología Agrícola que luego se convertiría en la Estación Experimental Agrícola de La Molina[6].



[1] Carlos III, Rey de España en el periodo 1759-1788.

[2] Carlos Arboleda Guanilo, historiador de la ciudad de Lambayeque.

[3] Un trapiche es un molino utilizado a fin de extraer el jugo de determinados frutos de la tierra, como la aceituna o la caña de azúcar.

[4] Un término histórico para los trabajadores manuales de Asia, particularmente China y la India, en el siglo XIX.

[5] Tratado de amistad, comercio y navegación firmado entre España y China. Firmado el 10 octubre de 1864.

[6] MANUEL GARCÍA Y MERINO era propietario del fundo La Molina de Lima, donde después se fundaron la Estación Experimental Agrícola La Molina y la Escuela Nacional de Agricultura La Molina, hoy Universidad Nacional Agraria La Molina.



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BIBLIOGRAFÍA:


LA TORRE SILVA
, Ricardo (1992) La inmigración china en el Perú 1850-1890. Lima: Boletín de la Sociedad Peruana de Medicina Interna – Vol.5 Nª3.

KLAREN, Peter F. (1976) Formación de las haciendas azucareras y origen del APRA. Lima: Instituto de Estudios Peruanos.

ROMERO, Emilio y CONTRERAS, Carlos (2006) Historia Económica del Perú. Lima: Universidad Alas Peruanas – Fondo Editorial UNMSM

PAGINAS WEB:

CAMPOS, Perlacios (2008) Historia del Perú 7. 1. El imperio colonial español: Economía. (http://www.geschichteinchronologie.ch/am-S/peru/gs/Campos/07-1_span-kol-wirtschaft-ESP.html) contiene información sobre la estructura económica durante la Colonia en el Perú.

SALAZAR, Eduardo (2008) Blog: Inmigración en el Siglo XIX (http://inmigracionsigloxix.blogspot.com/2008/10/inmigracin-china-en-el-per-ii.html) contiene la bitácora de cómo se dio la inmigración en el Perú durante el siglo XIX.

ORREGO PENAGOS, Juan (2009) Blog: La Republica Aristocrática: La Agricultura de exportación (http://blog.pucp.edu.pe/item/31727)

CORDOVA, Nivardo (2006) Perú Prensa (http://peruprensa.org/Ca311006.htm)


HITO 1: LA CAÑA DE AZÚCAR TOMA POSICIÓN FRENTE AL TRIGO Y EL MAÍZ

Un elemento de suma importancia para el mantenimiento de la población de origen europeo fue el trigo, pues el maíz era considerado alimento de indios y negros. Ambos cultivos estaban regulados por la posibilidad de ser comercializados en la cercanía o contar con transporte barato hacia la zona de consumo.


En consecuencia, las áreas productivas que rodeaban los núcleos urbanos se dedicaban a los granos y cereales, salvo que la vía marítima permitiera acortar las distancias, como fue el caso de Lima, abastecida desde los otros valles del litoral, pues hacia 1630 su despensa local sólo cubría la mitad de las 240 mil fanegas de trigo y 25 mil de maíz que la ciudad necesitaba. Las cerca de 150 mil fanegadas restantes venían por mar desde los demás valles costeños. Por su emplazamiento, Potosí, que 1603 necesitaba de 50 mil fanegas de maíz y 90 mil de trigo, dependía de las grandes zonas adyacentes para conseguir sus alimentos.


En el siglo XVIII la decadencia de estas minas hundiría a los productores agrarios de las inmediaciones en una economía de auto subsistencia. Pero en Lima la demanda de trigo foráneo subiría enormemente luego del terremoto de 1687, ya que las haciendas se hallaban paralizadas debido a grandes epidemias y la destrucción de los sistemas de regadío.


La caña de azúcar, en cambio, fue aumentando lentamente sus áreas de siembra en las haciendas que habían abandonado el cultivo del trigo, y numerosos esclavos entraron en el régimen de los monocultivos agroindustriales. Tan pronto la encontramos sembrada en Quito, Arequipa y Cuzco, como en las zonas andinas centrales, y en las lejanas tierras de Paraguay y la Argentina, además de las áreas aledañas a Lima. Esta abundancia azucarera suscitada por la alta oferta bajó a la postre los precios del producto y aunque se intentó producir aguardiente, melazas y otros productos derivados, los precios no lograron elevarse.


En Lima se difundió el gusto por las golosinas, la repostería y varios tipos de dulces de olla, lujos y dispendios del dulce producto que inicialmente había escaseado y luego sobraba. La caña era procesada en trapiches de cilindro vertical con caldera de cobre, y después la azúcar cristalizada era convertida en panes o tongos que se enfriaban en moldes de arcilla. Estas agroindustrias se localizaron en la costa y las más pequeñas necesitaban del trabajo de al menos seis operarios y unos veinte esclavos para funcionar.


Instalaciones de este tipo costaban unos 15 mil ducados de oro, y el establecimiento de una empresa de esta envergadura podía demandar una inversión de casi 50 mil ducados, a veces con el apoyo crediticio de la Corona. En otras haciendas cuya capacidad instalada no era totalmente utilizada, se alquilaban los trapiches a terceros. La tecnología peruana de la industria del azúcar fue considera la mejor de la época y muchos de estos trapiches se exportaron a Brasil durante el siglo XVII. Los vinos constituyeron la mayor industria colonial peruana, y encontraron en la árida costa del Perú una zona adecuada para obtener su materia prima.


Los vinicultores frenaron en parte la acelerada expansión del azúcar sobre las tierras del trigo. La chicha y los diferentes aguardientes de caña y uva eran las bebidas alcohólicas más consumidas en los niveles populares, destacando entre ellos el pisco y la nazca.



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BIBLIOGRAFÍA:

MORENO DE ALBA, José (2008) El español en América. Michigan: Fondo de cultura económica.

ROSS GONZALES, Marjorie (1999) Entre el comal y la Olla. Costa Rica: EUNED.

PATRUCCO, Sandro (1967) El Perú Virreinal: Sociedad, economía y arte. Lima.


PÁGINAS WEB:

CORREO PIURA (2008) (http://www.correoperu.com.pe/correo/columnistas) Sitio web oficial del Diario Correo Piura; contiene un artículo en la sección Columnistas, publicado el 12 de Octubre del 2008 acerca del Médano (consulta: 03 de junio de 2010)

REVISTA CARETAS (2006) (http://www.caretas.com.pe/) Sitio web oficial de la Revista Caretas; contiene un artículo publicado en la edición número 1935, de fecha 27 de julio de 2006 llamado de Cartavio: El Elixir de la Historia (consulta: 02 de junio de 2010)

SCRIBD (2008) (http://www.scribd.com/doc/6428285/EL-PERU-VIRREINAL) Sitio web de Scribd libros digitalizados; contiene un artículo llamado El Perú Virreynal: Sociedad, Economía y Arte publicado el 10 de julio de 2008 (consulta: 01 de junio de 2010)